CRISIS EMOCIONAL

Cada vez que estás en crisis emocional se debe a que una parte de ti se ha olvidado cómo hacer las cosas importantes. Las cosas que están relacionadas con los verdaderos sentimientos que enriquecen el alma.

“Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin”

~AFORTUNADO VS DESDICHADO~

Hace muchos años había una vez un campesino que vivía en un poblado, en dónde se dedicaba a criar caballos para luego venderlos como animales de granja, de tiro, etc… Un día una de sus mejores yeguas se escapó de la granja y la familia y los amigos se acercaron a visitarle y le comentaron “¡ Qué lástima que se haya escapado! ¡Con lo bonita que era esa yegua y el dinero que hubieses ganado con sus potrillos! ¡Qué mala suerte!” a lo que el campesino comentó “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Pasaron las semanas y los meses y un buen día de los montes más altos bajó hasta la granja la yegua, acompañada de un caballo salvaje y un potrillo. Al enterarse en el pueblo todos los vecinos se alegraron mucho por él y quisieron celebrarlo. “¿No es maravilloso?” exclamaron. “¡Eres tan afortunado!” “¡Se escapó una yegua y vuelve con un potrillo y un caballo salvaje de las montañas!” “¡Menuda suerte más buena!” El hombre sonrió y dijo, ” Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Durante algunas semanas el hijo mayor del campesino estuvo trabajando en la doma del caballo salvaje, pero uno de los días que lo fue a montar, el caballo lo tiró con fuerza al suelo y el muchacho se fracturó la pierna. De nuevo familiares y vecinos se acercaron hasta la granja y al ver la situación que había ocurrido exclamaron: “¡Qué mala suerte, con lo joven que es tu hijo y se quedará lisiado de por vida!” Nuevamente, el hombre dijo, “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Pasaron los meses y en el país estalló la guerra, de manera que el ejercito buscaba a jóvenes sanos para alistarlos en sus filas. Al llegar al poblado en el que vivía el campesino, dejaron a su hijo por estar lisiado. Rápidamente los familiares y vecinos acudieron a verlo y le dijeron, “Qué suerte tan grande que tu hijo no va a ir a la guerra”. Su respuesta fue la misma: “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Catalogar lo que nos sucede como bueno o malo tan solo está condicionado por la manera en cómo percibimos las situaciones externas y cómo es nuestro estado de consciencia para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Es decir, para una persona, una situación puede ser buena y en cambio, para otra persona puede ser mala. Nada de lo que sucede en el exterior es bueno o malo, somos nosotros quienes lo juzgamos dependiendo de cómo es nuestra manera de percibir los sucesos y cómo es nuestra situación de vida.

En algún momento de la vida, la mayoría de las personas se dan cuenta de que no solamente nacen, crecen, tienen éxito, buena salud, placeres y victorias, sino de que también hay pérdidas, fracasos, envejecimiento, deterioro, sufrimiento y muerte. En términos convencionales se habla de lo bueno y lo malo, del orden y el desorden.
Las personas suelen asociar el “significado” de la vida con lo “bueno”, pero lo bueno permanece bajo la amenaza constante del colapso, la descomposición y el desorden. Es la amenaza de lo “malo”, cuando las explicaciones fallan y la vida deja de tener sentido. Tarde o temprano, el desorden irrumpe en la vida de todo el mundo. Puede asumir la forma de una pérdida, un accidente, una enfermedad, la invalidez, la vejez y la muerte. Sin embargo, la llegada del desorden a la vida de una persona con el consiguiente colapso del significado definido por la mente, puede constituir la puerta de entrada a un estado de mayor conciencia.

Con nuestra forma de pensar tendemos a aislar las situaciones y los sucesos y los calificamos de buenos o malos, como si existieran por separado. La realidad termina dividida a base de depender excesivamente del pensamiento. Esta división, si bien es una ilusión, parece muy real mientras estamos atrapados en ella. Sin embargo, el universo es un todo indivisible en el cual, todas las cosas están interconectadas y donde nada puede existir aisladamente.

Darnos cuenta que existe una conexión profunda entre todas las cosas y todos los sucesos nos lleva a comprender que lo “bueno” y “malo” no son más que ilusiones. Que siempre nos aportan una perspectiva limitada, puesto que son verdaderos solamente de manera relativa y temporal.

Ese “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá” del sabio campesino de la historia anterior, representa la renuncia a juzgar cualquier cosa que pueda suceder. En lugar de juzgarla, la acepta por lo que es, de manera que entra a estar conscientemente a disposición de los acontecimientos. Sabe que a la mente le queda imposible muchas veces comprender el lugar o el propósito de un suceso aparentemente aleatorio en medio del tapiz del todo. Pero no hay sucesos aleatorios ni cosas que existan aisladamente por sí solas. Las causas del suceso más insignificante son virtualmente infinitas y están conectadas con el todo de manera que escapa a nuestra comprensión. Si quisiéramos devolvernos a encontrar la causa de cualquier suceso, tendríamos que remontarnos hasta el comienzo de la creación. El cosmos no es caótico. La palabra “cosmos” en sí significa orden. Pero no es un orden comprensible para la mente humana, aunque sí es posible vislumbrarlo a veces.

Por ello cada vez que ocurra un hecho que te impacte en tu vida, ponte a disposición del universo sin entrar a valorar si el hecho es bueno o malo y desde la neutralidad pura las circunstancias se irán acomodando a la realidad auténtica, permitiendo que tengas una mayor comprensión. Si necesitas que te acompañe en tus pasos, ponte en contacto conmigo. Lo haré encantada.

~ LA MEJOR DE LAS SONRISAS ~

Solo por hoy confía y sonríe.

A veces la vida nos golpea tan fuerte que perdemos la confianza y automáticamente dejamos de creer, que se sale de todo lo que nos preocupa. Olvidamos que, se vive mejor pensando bonito o no recordamos que, aunque estés sangrando, al final las heridas cierran, sin darnos cuenta que, todo es un proceso por el que todos pasamos.

Porque aquí, no hay nadie entero, todos estamos rotos, desgarrados, remendados y descosidos. Pero, si ponemos confianza en nuestras vidas y cada día nos marcamos la meta de sonreír, vivir y disfrutar con aquello que tienes, sea mejor o peor que otras veces, siempre te sentirás mejor contigo mismo, que en el fondo es de lo que se trata.

“En la antigua China, los taoístas enseñaban que la sonrisa interna constante, la sonrisa dedicada a uno mismo, aseguraba la salud, la felicidad y la longevidad de la persona. ¿Por qué? Porque una sonrisa para sí mismo es, como tomar un baño de amor: te conviertes en tu mejor amigo. Vivir con una sonrisa interior es vivir en armonía con uno mismo.”

A veces no eres capaz de sonreírte de forma sincera, cuando eso ocurre es mejor empezar por agradecer todo lo que tienes. Una persona que vive pensando todo el tiempo en lo desdichada que es, por muchos éxitos que consiga, siempre será realmente desdichada. Cuando somos capaces de centrar o cambiar nuestro punto de atención en otra emoción, todo cambia.

Por lo tanto, si centramos nuestra atención interna en la gratitud y en la sonrisa sincera nuestra vida dará un vuelco y avanzaremos hacia el bienestar interno.

Las personas cuando ven a un bebé desconocido y éste les dedica una sonrisa, a continuación las personas siempre le sonríen. No son capaces de mostrar al bebé su amargura, su dolor y optan por sacar de su interior una sonrisa sincera. Esa es la sonrisa que deben mostrarse cada día a sí mismos.

La mejor sonrisa de todas, la sonrisa interior. 🙂

Solo por hoy confía y sonríe. Yo lo intento cada día desde mi interior.

Si quieres profundizar más en el tema, cuenta conmigo. En la sección de contacto te digo cómo hacerlo.

– EL CONSUELO –

” Vi llorar un alma inconsolable…” Pablo López.

Las heridas que sufrimos, cuando son profundas, nos provocan un dolor desgarrador en el alma. Dolor que apaciguamos con el llanto pero, ¿qué hacemos cuando ni siquiera el llanto consigue calmarnos? cuando el sentimiento que tenemos nos arrastra, hasta un desconsuelo porque no podemos con la carga de la emoción. El entorno nos dice que el tiempo cura las heridas, pero si el tiempo pasa y tú no mejoras, ¿Qué haces?

Normalmente, te pones una máscara y disimulas. Disimulas que estás bien. Finges que ya no te duele. Actúas como que no pasa nada. Aunque la realidad te demuestra que en tu interior estás igual de mal, que te sientes infeliz…

“Infeliz” he aquí la clave.

Las personas nos mantenemos infelices por varios motivos, cuando no soy feliz ante los demás, obtengo un consuelo momentáneo que calma mis heridas, en otras ocasiones, no me permito ser feliz por lealtad a aquellos que por diferentes circunstancias no pueden disfrutar de la situación en este momento, de igual modo existen más formas. Sin embargo, cuando analizamos nuestro transcurrir diario y observamos todos los acontecimientos que nos suceden, vemos que realmente NO somos tan infelices.

Lo que nos ocurre es, como si hubiésemos sacado una foto del hecho que nos marcó la herida profunda y la utilizásemos todos los días de pantalla de vida, de filtro en la mirada. De manera que cuando observamos el instante que nos aportaría felicidad, nos ponemos ese filtro y valoramos la situación a través de ese dolor, impidiendo conectar nuestras emociones reales con nuestro corazón. Dejando que se manifieste solamente el dolor profundo que cargamos. Nos saboteamos un poco nuestra realidad.

Darnos cuenta de ese autosabotaje que nos realizamos, nos permite reaccionar en busca de un consuelo, que podemos encontrar a través de diferentes técnicas, de terceras personas, de profesionales, etc. Que nos van a dar la forma de crear un mecanismo para fabricar nuestro propio consuelo.

Si observamos la palabra CON-SUELO nos está indicando, que atender nuestras heridas profundas, nos aportará un SUELO CON el que tener una base de apoyo para sujetarnos y mantenernos estables. Dicha estabilidad, nos permitirá observar la realidad de cada instante para darnos cuenta, de dónde está nuestro error y asumir que podemos cambiarlo en algo que nos de seguridad interna.

Realizar este desarrollo puede parecer complicado, sin embargo, no lo es. Si quieres avanzar en el tema, ponte en contacto conmigo y te acompaño en tu proceso.

¿Cuánto vales?

Cuenta una historia que un joven fue a visitar a su anciano profesor. Y entre lágrimas le confesó: “He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”.

El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondió: “Lo siento chaval, pero ahora no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo días posponiendo. Si tú me ayudas, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti”.

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. “Por supuesto, profesor, dime qué puedo hacer por ti”. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto y se lo entregó al joven. “Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle”, le explicó. “Ahora ve al mercado y véndelo. Eso sí, no lo entregues por menos de una moneda de oro”.

Una vez en la plaza mayor, el chaval empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros se alejaban sin mirarlo. Derrotado, el chaval regresó a casa del anciano. Y nada más verle compartió con él su frustración: “Lo siento, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de bronce”. El profesor, sonriente, le contestó: “No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ve al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo”.

Tras un par de minutos examinando el anillo, el joyero le dijo que era “una pieza única” y que se lo compraba por “50 monedas de oro”. El joven corrió emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había dicho. “Estupendo, ahora siéntate un momento y escucha con atención”, le pidió el profesor. Le miró a los ojos y añadió: “Tú eres como este anillo, una joya preciosa que solo puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?”. Y mientras el anciano volvía a colocarse el anillo, concluyó: “Todos somos como esta joya: valiosos y únicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cuál es nuestro auténtico valor”.

SOY UNA JOYA VALIOSA Y ÚNICA

LA FRUSTRACIÓN

Somos muchos los que la hemos sufrido. Ese sentimiento tan característico que nos embarga por no alcanzar los objetivos que nos hemos marcado y que está basado principalmente en los debería ser, debería hacer, debería haber obtenido o conseguido, etc…

Es un programa o diseño que nos imponemos o que nos imponen, para no ver u observar la realidad que nos envuelve, y que además nos llena de ansiedad vacía por no poder alcanzar las expectativas que habíamos puesto en ello.

La frustración nos lleva a buscar culpas y culpables. Nos impide darnos cuenta de la posibilidad de crecer aprovechando la carga que nos produce la situación vivida.

¿Cómo podemos evitar este sentimiento? Si nos paramos a observar el tránsito de nuestra realidad desde un punto o parámetro neutral, sin juicios de ninguna índole, ésta nos va a mostrar las verdaderas capacidades que cada individuo dispone en ese instante.

Permitirnos ver nuestras posibilidades sin entrar a valorar si son mejores o peores, nos hace darnos cuenta de nuestras ventajas y de nuestras carencias. De esta manera, en función de aquello que más nos interesa potenciar, lo utilizaremos en nuestro favor y como un barco en alta mar decidamos izar las velas con el viento a favor para desplazarnos más rápido y con mayor seguridad en el día a día o en el contexto de la situación.

Si necesitas profundizar más en el tema, ponte en contacto conmigo y te acompaño en el proceso.

YO VENGO A OFRECER MI CORAZÓN

Las personas que hemos trabajado con las emociones, conocemos esta canción en mayor o menor medida. Esta canción implica entregar u ofrecer tu corazón, de hecho, todos en algún momento hemos ofrecido nuestro corazón a cambio del amor incondicional.

El verdadero motivo suele ser por lealtad, lealtad a nuestros seres queridos. A veces, también están implicadas las inseguridades y los miedos, que nos hacen ofrecer el corazón para que todo no esté perdido y como dice la canción “no es tan fácil como pensaba… y te daré todo, me darás algo, algo que me alivie un poco más”.

Cuando esa entrega es valorada por ambos lados, la ofrenda mantiene una unión de por vida, la lealtad se consolida con el paso del tiempo y ambas partes se nutren y acompañan a lo largo de sus respectivas vidas.

Por el contrario, si la ofrenda no es valorada por alguno de los implicados, eso conlleva a un sufrimiento a una de las partes en la que se añade frustración, recelo o desconfianza, dolor profundo, desilusión, incluso llegando a sentir rabia.

La mejor manera de salir de ahí es:

Primero: Reconociendo el acto realizado.

Después: Admitiendo la consecuencia o el resultado de ese acto.

A continuación: Honrando el acto y la consecuencia, junto con el agradecimiento sincero por la experiencia vivida.

Y por último: Utilizar toda la experiencia como beneficio personal para el crecimiento interno y la estabilidad emocional.

¿Y tú qué opinas? ¿Conocías esta canción? Puedes dejar tus comentarios.

– LA MENTE EMOCIONAL –

Buda y sus discípulos decidieron emprender un viaje durante el que atravesarían diversos territorios y ciudades. Un día en el que el sol brillaba con todo su esplendor, divisaron a los lejos un lago y se detuvieron, asediados por la sed. Al llegar, Buda se dirigió a su discípulo más joven e impaciente:

-Tengo sed. ¿Puedes traerme un poco de agua de ese lago?

El discípulo fue hasta el lago, pero cuando llegó observó que un carro de bueyes comenzaba a atravesar lo y el agua, poco a poco, se volvía turbia. Tras esta situación, el discípulo pensó «No puedo darle al maestro esta agua fangosa para beber». Por lo que regresó y le dijo a Buda:

-El agua está muy fangosa. No creo que podamos beberla.

Pasado un tiempo, aproximadamente media hora, Buda volvió a pedir al discípulo que fuera hasta el lago y le trajera un poco de agua para beber. El discípulo así lo hizo. Sin embargo, el agua seguía sucia. Regresó y con un tono concluyente informó a Buda de la situación:

-El agua de ese lago no se puede beber, será mejor que caminemos hasta el pueblo para que sus habitantes nos den de beber.

Buda no le respondió, pero tampoco realizó ningún movimiento. Permaneció allí. Al cabo de un tiempo, le pidió al mismo discípulo que regresara al lago y le trajera agua. Este, como no quería desafiar a su maestro, fue hasta el lago; eso sí, tenía una actitud furiosa, ya que no comprendía porqué tenía que volver, ¡si el agua estaba fangosa y no se podía beber!

Al llegar, observó que el agua había cambiado su apariencia, tenía buen aspecto y se veía cristalina. Así, recogió un poco y se la llevó a Buda. Este miró el agua y le dijo a su discípulo:

-¿Qué has hecho para limpiar el agua?

El discípulo no entendía la pregunta, él no había hecho nada, era evidente. Entonces, Buda lo miró y le explicó:

-Esperas y la dejas ser. De esta manera, el barro se asienta por sí solo y tienes agua limpia. ¡Tu mente también es así! Cuando se perturba, solo tienes que dejarla estar. Dale un poco de tiempo. No seas impaciente. Todo lo contrario, sé paciente. Encontrará el equilibrio por sí misma. No tienes que hacer ningún esfuerzo para calmarla. Todo pasará si no te aferras.

~ EL NIÑO INTERIOR ~

EL NIÑO INTERIOR

¿Qué es? ¿Quién es? El niño interior somos nosotros mismos desde un plano muy enlazado con el niño que fuimos en nuestra infancia. Son nuestras primeras experiencias, nuestros primeros aprendizajes. Se podría decir que es nuestra esencia personal, es como si quitáramos todas las capas que nos ponemos a lo largo de la vida y llegáramos a nuestro centro de ser, a nuestro origen. Ahí habita nuestro verdadero yo, nuestro niño interior.

Si el niño interno está nutrido y seguro, nuestra relación con el mundo que nos rodea será de equilibrio. Si el niño interno no es escuchado, sufrimos constantemente ataques externos de toda índole, provocando un continuo descontento.

Ejemplo: Si tienes un dolor (pongamos de muelas) puedes tomar algo que te calme (medicación) para no sentir nada o puedes acudir a un especialista (niño interior) para que resuelva y trabaje sobre el dolor.

El niño interior llora por no haber recibido lo que necesitaba de sus padres y aun siendo mayores se mantiene en la pataleta de niño pequeño. Buscando quién pueda llenar ese vacío interior. Buscando qué cosas nos hagan sentir mejor para llenar el vacío. Creemos que somos un mar que se llena con los ríos y que las demás personas y cosas son esos ríos. Cuando en realidad, somos pozos de agua donde nos llenamos del agua que mana de la tierra. Nos tenemos y debemos llenar desde el interior. Para que brotemos como fuente de vida, fuente de alegría, fuente de inspiración y de poder interno.

Trabajar con tu niño interior te ofrece un conocimiento interno que sirve de herramienta de superación. Es totalmente único, personal e intransferible. Su valor es tan importante porque determina la personalidad del individuo, la capacidad de recuperación interna, la forma de relacionarse con el mundo exterior.

Al final, todos tenemos un niño interior dentro que lo único que quiere es, que nuestros padres nos vean, nos cuiden, nos atiendan, nos hagan caso en definitiva. Todos sabemos lo que a los demás les hace falta pero no paramos a mirar qué es lo que nos hace falta a nosotros.

En definitiva, es el niño interior quién tiene las preguntas y quién tiene las repuestas. Si te permites escuchar sus heridas y atenderlas, encontrarás la luz que buscas fuera de ti, en tu propio interior.

~LA VERGÜENZA AJENA~

Sentir vergüenza ajena es algo que todos, en alguna ocasión de la vida hemos pasado y que consiste en, sentir un malestar ante un hecho o una actitud de una persona, con la que estamos implicados de alguna forma, bien sea familiar, laboral, sentimental, etc…

Este hecho que nos provoca una vergüenza, nos va a molestar de forma interna, dando paso, a un momento de roce o fricción en la relación de ambas personas.

Normalmente cuando se producen estas situaciones, pueden darse tres posibilidades que hoy voy a mostrar con ejemplos sencillos para facilitar la comprensión dentro de mi margen de error.

Primera posibilidad: Cuando el hecho ocurre, nos colocamos como participantes independientemente de que el contexto de la situación no vaya con nosotros. Es decir, se produce la situación y como si de una batidora de vaso se tratara, donde los ingredientes del suceso se han echado, nos añadimos como ingrediente extra a la mezcla, dando paso a formar parte de todo el lío que se genera. Implicación que nos lleva al desequilibrio propio en el espacio tiempo. (Me siento mal conmigo mismo y sobretodo con la otra persona, somos víctimas).

Segunda posibilidad: Vemos la situación pero, no participamos de manera tan activa, aunque nos remueve por dentro lo suficiente, como para que estemos dándole vueltas a ese contexto, una y otra vez, con la intención de buscar una solución o alternativa de solución. Es decir, ponemos los ingredientes en el vaso de la batidora, pero no ponemos la tapa y al accionar el interruptor de arranque o inicio, la mezcla nos salpica. (Me siento mal sobretodo conmigo mismo y algo menos con la otra persona, soy el salvador).

Tercera posibilidad: Observamos la situación con calma interna, sin interactuar, sin exponernos pero aprovechando todos los matices que creo que se dan. Es decir, vemos todos los ingredientes en la batidora, observaremos su forma de actuar, como se relacionan entre ellos, en definitiva observaremos el contexto. Pondremos la tapadera y después, daremos cuenta de cómo queda todo mientras se va dando la mezcla, llegando a una comprensión del hecho ocurrido para, a continuación, criticar y juzgar en función de mi coherencia. (Me siento mal con la otra persona y la culpo de todo lo que pasa, soy el juez).

Llegados a este punto de la lectura, ¿Con qué personaje te identificas?

La realidad es, que todos en algún momento hemos pasado por cualquiera de ellos sin ser conscientes y hemos actuado de manera errónea. ¿Por qué de manera errónea? Básicamente, porque en el momento que te implicas, ya eres participante y no tienes toda la amplitud para razonar y comprender el suceso, puesto que la implicación anula una parte de la visión.

Entonces, ¿Cómo sería aconsejable actuar? No valorando la situación, simplemente observando sin participar de ninguna manera y dándote cuenta de todos los ángulos, para comprender que cada ser, actúa desde su capacidad interna y esa capacidad no es igual a la tuya, lo que no significa que sea ni mejor ni peor, es diferente. Esto nos lleva a una comprensión más amplia de la situación creada. Viendo a todas las partes de una forma más tierna.

Llegado el momento y cuando el contexto sea adecuado, podrás mostrar el suceso, sin juicios, con todos sus matices y de manera respetuosa, a la parte implicada si ésta lo solicita. Dando lugar, a que crezca y madure un poquito en este tipo de situaciones, puesto que a todos nos gusta que nos enseñen de forma sencilla.