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~EL PODER DE LOS ABRAZOS~

El abrazo es la primera forma de medicina y protección que se inventó en el mundo. Un bebé de cualquier especie se aliviará de todos sus miedos, dudas, frío, nerviosismo estando entre los brazos. Igualmente, todo adulto se sentirá reconfortado, acompañado, unido, aliviado, con un abrazo sincero.

Un abrazo diario eleva nuestra estima, mejora el sistema inmunológico, nos une. Dos abrazos multiplican el efecto. Tres abrazos diarios tienen un poder sanador, anti estrés, protector.

Los abrazos nos alivian cuando perdemos a un ser querido o estamos en desgracia, teniendo un gran efecto en la unión familiar. Calman la ansiedad, la depresión, los dolores en general. Si no tienes a quién abrazar puedes abrazar a un árbol, un peluche, a ti mismo.

Las prisas, la vorágine de la vida ya están haciendo olvidar los abrazos, quedando tan solo para los aniversarios, los ascensos, las ocasiones especiales y no como algo natural, inclusive en ocasiones, hasta se mal interpreta. El abrazo es una medicina que todos tenemos a nuestro alcance y cada vez está escaseando más. Es como tener el aire con más oxígeno y negarnos a respirarlo.

Es realmente insospechado todo lo que podemos curar con los abrazos, desde un simple perdón hasta una enfermedad. Al abrazar sinceramente podemos equilibrar nuestras energías y desplazar la negatividad de ambas personas o de todas las que participen en el abrazo. Si sumamos 1 + 1 matemáticamente el resultado será 2. Si dos personas se abrazan, el resultado será hasta donde se quiera llegar, ya no son 2, sino una suma de energía universal que potenciará la sinceridad, el amor, la amistad, la sanación. Por supuesto, un abrazo con cariño, con entrega.

En todo caso, el abrazo debe ser sincero, con disponibilidad total, compartiendo energías de armonía, abierto en ofrecerse pero cerrado en un núcleo de amor al momento de abrazar. Mucho más allá de las palabras, de las hipocresías, de las miradas, del contacto carnal, es la unión de la parte espiritual y divina de cada uno.

El abrazo lleva consuelo, combate la depresión, levanta el ánimo, mejora el sistema inmunológico, aumenta la autoestima. Los abrazos son de compartir, no solo de dar.

Los abrazos pueden ser inmensos como los del oso, con todo el cuerpo como entrelazándose, con contacto de mejillas y besos en mejillas, frente, cráneo o boca, no simplemente un beso, sino con abrazo. Podrá sentirse inclusive los latidos del corazón de la otra persona y unirlos al nuestro.

Igualmente, pueden ser abrazos de costado al caminar, al ver televisión, al mirar una puesta del sol, no de apariencia, sino de sentirse bien con la pareja, hijos, padres, amigos.

Pueden ser abrazos de más de dos personas, inspirando la unión, la amistad, las cadenas fraternales. Es decir, no hay límites para el abrazo, el límite somos nosotros mismos.

Una vez que das el abrazo, no juzgues, ni tampoco te obsesiones. Debe darse con toda la entrega. Es como lanzarse al vacío, sin miedos, no debe existir la vuelta hacia atrás. No intentes resolver los problemas del otro, sólo ofrece tu abrazo, la energía hará el resto.

¡Abraza a alguna persona cercana ahora mismo!

– EL LENGUAJE DE LOS SENTIMIENTOS-

UN NUDO EN LA SÁBANA
En la reunión de padres de familia de una escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos.
Ella entendía que aunque la mayoría de los padres de la comunidad eran trabajadores, debían encontrar un poco de tiempo para dedicar y pasar con los niños.
Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana.
Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya estaba acostado.
Explicó además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia.
Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba reemplazar esa falta dándole un beso todas las noches cuando llegaba a su casa y para que su hijo supiera que él le había ido a ver mientras dormía, hacía un nudo en la punta de la sábana.
Cuando mi hijo despierta y ve el nudo, sabe que su papá ha estado allí y lo ha besado. El nudo es el medio de comunicación entre nosotros.
La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando comprobó que el hijo de aquel hombre era uno de los mejores alumnos de la escuela.
Este hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros.
Aquél padre encontró su forma, una forma simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía a través del nudo, todo el afecto de su papá.
Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal que es la comunicación a través del sentimiento.
Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban para aquél hijo, muchísimo más que un montón de regalos o disculpas vacías.
Es válido que nos preocupemos por las personas, pero lo más importante es que ellas sepan y puedan sentir nuestra preocupación y cariño por ellas.
Para que exista la comunicación, es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje de nuestro corazón, ya que los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras.
Es por ese motivo que un beso, revestido del más puro afecto, cura el dolor de cabeza, el golpe de la rodilla o el miedo a la oscuridad.
Los niños tal vez no entiendan el significado de muchas palabras, pero saben distinguir un gesto de afecto y amor, aunque ese gesto sea solamente un nudo en la sábana. Un nudo cargado de afecto, ternura y amor.

“Vive de tal manera que cuando tus hijos piensen en justicia, cariño, amor e integridad, piensen en ti”
Autor: Anónimo

-LA BRÚJULA EXISTENCIAL-

Un señor sale del puerto de su ciudad, digamos Buenos Aires, para navegar con su velero en un hermoso día de otoño. Como zarpa solo y se trata de una pequeña excursión, no lleva alimentos, ni localizador, ni radio.

De repente, una terrible tormenta lo sorprende y lo lleva descontrolado mar adentro. Balanceado y castigado por el viento y la lluvia torrencial, el hombre ni siguiera puede darse cuenta de hacia dónde está siendo arrastrado su barco. Por temor a resbalar por la cubierta, echa el ancla y se refugia en su camarote hasta que la tormenta amaine un poco.

Cuando el viento se calma, el hombre sale de su refugio y recorre el velero de proa a popa. Revisa cada centímetro de su nave y se alegra al confirmar que está entera. El motor se enciende, el casco está sano, las velas, intactas, el agua potable no se ha derramado y el timón funciona como siempre. El navegante sonríe y levanta la vista con intención de volver a puerto. Otea en todas las direcciones, pero lo único que se ve es agua. Se da cuenta de que la tormenta lo ha conducido lejos de la costa y de que no sabe dónde está. Toma conciencia de que se ha perdido. Empieza a desesperarse y, en un momento dado, se queja en voz alta gritando:

-Estoy perdido. ¡Qué barbaridad!

Y se acuerda, como a veces pasa lamentablemente solo en esos momentos, de que él es un hombre educado en la fe, y mirando al cielo, dice en voz alta:

-Dios mío, estoy perdido. Ayúdame, Dios mío, estoy perdido…

Aunque parezca mentira, se produce un milagro: el cielo se abre -un círculo diáfano aparece entre las nubes- y un rayo de sol ilumina casi exclusivamente el velero, como en las películas. Misteriosamente se escucha una voz profunda (¿Dios?) que le responde:

-¿Qué te pasa?

El hombre se arrodilla frente al milagro e implora lloroso:

-Estoy perdido, no sé dónde estoy, ilumíname, Señor. ¿Dónde estoy, Señor? ¿Dónde estoy?

De repente, la voz, respondiendo a aquella llamada desesperada, dice:

-En estos momentos estás a 38 grados latitud Sur y 29 grados longitud Oeste.

-Gracias, gracias…-dice el hombre más que emocionado por lo sucedido. Pero pasada la primera alegría, piensa durante un rato y se inquieta retomando su queja:

-¡Estoy perdido, Dios mío! ¡Estoy perdido! Se da cuenta de que con saber dónde uno está no se deja de estar perdido.

-¿Qué pasa? -dice de nuevo la voz celestial.

-Es que en realidad no me basta con saber dónde estoy. Lo que me tiene perdido es que no sé hacia dónde voy.

-Vuelves a Buenos Aires -le responde.

Ansiosamente y antes de que el cielo comience a cerrarse, el hombre grita:

-¡Estoy perdido, Dios mío, estoy desesperado!

La voz le habla por tercera vez:

-¡¿Y ahora qué pasa?!

-Es que, sabiendo dónde estoy y a dónde quiero llegar, sigo tan perdido como antes, porque ni siquiera sé dónde está ese puerto.

La voz celestial empieza a decir:

-Buenos Aires está a 38 grados latitud Sur y 29 grados…

_¡No, no,no! -interrumpe el hombre.

-Pero tú me pediste… -replica la voz.

-Sí Dios… yo sé lo que te pedí, pero ¿sabes qué pasa? que acabo de comprender que no basta con saber dónde estoy y a dónde voy. Necesito saber cuál es el camino para llegar. Por favor, Dios mío, por favor…

En ese instante, cae desde el cielo un pergamino atado con una cinta celeste. El hombre extiende el papel y encuentra dibujado con toda claridad un mapa. Arriba y a la izquierda hay un puntito rojo que se enciende y se apaga con un letrero que dice: “Usted está aquí”. Abajo a la derecha un punto azul donde se lee: “Buenos Aires”. Y en un tono amarillo fosforescente, una línea, rodeada de varios círculos con indicaciones: remolino, arrecifes, piedrecitas, viento fuerte de acá y de allá… Se trata de una ruta que une aquellos puntos: el camino a seguir para llegar a su destino.

El hombre, por fin, se pone contento. Se arrodilla, se santigua y dice:

-Gracias, Dios mío, gracias.

El marino leva anclas, estira la vela, mira el mapa, observa para todos los lados… y vuelve a gritar una vez más:

-¡Estoy perdido, sigo estando perdido!

Por supuesto. Claro que el hombre sigue estando perdido: lo único que ve es agua y toda la información no le es suficiente porque no sabe hacia dónde debe encaminar su travesía.

En esta historia, el hombre tiene conciencia de dónde está, sabe cuál es la meta, conoce el camino que une el lugar donde está y la meta a la que se dirige y, sin embargo, le falta algo para dejar, de estar perdido: saber hacia dónde. Seguramente, una brújula le proporcionaría esta información.

Una vez más, sabiendo uno dónde está y a dónde va, teniendo un mapa con todos los detalles precisos del entorno, seguramente no sabrá en qué dirección viajar si no puede fijar el rumbo. Pero como dijimos, el rumbo es una cosa y la meta es otra.

La meta es el punto de llegada.

El camino es cómo llegar.

El rumbo es la dirección, el sentido; y el único dato que te permite asumir que no estás perdido en la inmensidad del océano.

Si uno entiende la diferencia entre el rumbo y la meta, empieza a comprender muchas otras cosas, entre ellas la definición de la felicidad, que tantas veces repito: La felicidad es la serenidad de saberse en el camino correcto, la tranquilidad interna de quien sabe hacia dónde dirige su vida.

En la vida, las metas son como puertos a donde llegar y saber el camino es un recurso para avanzar en el mapa que aporta la experiencia. Que nadie dude de la importancia de saber dónde está;  pero, sin dirección, no hay rumbo, y la dirección solo puede aportarla el sentido que decidas darle a tu existencia.

Jorge Bucay. Rumbo a una vida mejor.

¿Cómo ser el más rico del mundo?

Alguien le preguntó al hombre más rico del mundo, Bill Gates: “¿Hay alguien más rico que tú en el mundo?”
Bill Gates respondió: “Sí, hay una persona que es más rica que yo”.
Luego narró una historia.
Fue durante el tiempo en que no era rico ni famoso. Estaba en el aeropuerto de Nueva York cuando ví a un vendedor de periódicos. Quería comprar un periódico, y al tenerlo en mis manos descubrí que no tenía suficiente cambio. Entonces dejé la idea de comprar y se lo devolví al vendedor. Le dije que no tenía el cambio.
El vendedor dijo: “Te estoy dando esto gratis”.
Ante su insistencia, tomé el periódico.
Casualmente, después de 2 a 3 meses, aterricé en el mismo aeropuerto y nuevamente me faltaba el cambio para un periódico. El vendedor me ofreció el periódico nuevamente. Me negué y le dije que no podía aceptarlo porque en esa ocasión tampoco tenía un cambio.
Él dijo: “Puedes tomarlo, estoy compartiendo esto de mis ganancias, no estaré perdiendo”. Tomé el periódico.
Después de 19 años me hice famoso y conocido por la gente. De repente me acordé de ese vendedor. Comencé a buscarlo y después de aproximadamente 1 mes y medio de búsqueda lo encontré.
Le pregunté: “¿Me conoces?”
Él dijo: “Sí, eres Bill Gates”.
Le pregunté de nuevo: “¿Recuerdas una vez que me diste el periódico gratis?”
El vendedor dijo: “Sí, lo recuerdo, te lo di dos veces”.
Le dije:”Quiero pagar la ayuda que me diste esas dos veces. Lo que quieras en tu vida, dime, lo cumpliré”.
El vendedor dijo: “Señor, ¿no cree usted que al hacerlo no podrá igualar mi ayuda?”
¿Pregunté por qué?”
Él dijo: “Te ayudé cuando era un pobre vendedor de periódicos y ahora estás tratando de ayudarme cuando te has convertido en el hombre más rico del mundo.
¿Cómo puede tu ayuda igualar la mía?”
Ese día me di cuenta de que el vendedor de periódicos era más rico que yo porque no esperó para hacerse rico para ayudar a alguien.
La gente necesita entender que los verdaderamente ricos son aquellos que poseen un corazón.

-LA EVOLUCIÓN NATURAL DEL SER-

“Lo que está en reposo es fácil de retener.
Lo que no ha sucedido es fácil de resolver.
Lo que es frágil es fácil de romper.
Lo que es pequeño es fácil de dispersar.
Prevenir antes de que suceda,
y ordenar antes de que aparezca el desorden.
El árbol que casi no puede rodearse con los brazos,
brotó de una semilla minúscula.
La torre de nueve pisos,
comenzó siendo un montón de tierra.
Un viaje de mil leguas,
comienza con el primer paso.
Al manejar sus asuntos, la gente suele estropearlos
justo al borde de su culminación.
Prestando total atención al principio y con paciencia al final,
nada se echa a perder.
Por eso, el Sabio carece de deseos,
no codicia los bienes de difícil alcance,
aprende a olvidar lo que le habían inculcado.
Le devuelve a los hombres la fluidez que han perdido,
y así, sin dominarlos,
favorece la evolución natural de los diez mil seres.”
Lao Tse

~EL SENTIDO DE LA VIDA~

Budha iba a dar una charla especial, y miles de seguidores habían venido desde muchos kilómetros a la redonda. Cuando Budha apareció, tenía una flor en su mano.

Pasaba el tiempo y el maestro Budha no decía nada, estaba sentado y simplemente miraba la flor. La muchedumbre se impacientaba pero Mahakashyap, quien no pudo aguantarse más, comenzó a reír.

Budha le hizo una señal para que viniera, le entregó la flor y le dijo al gentío: “Tengo el ojo de la Verdadera enseñanza. Todo lo que se pueda dar con palabras ya os lo he dado. Pero con esta flor, le doy a Mahakashyap la llave de la enseñanza”.

Esta historia es una de las más significativas, porque desde allí se transmitió la tradición Zen. Budha fue la fuente, Mahakashyap fue el primer maestro y esta historia es la fuente desde donde toda la tradición (una de las más bellas y vivas que existen en la Tierra, la tradición Zen), comenzó.

Mahakashyap se rió de la tontería del hombre. La gente inquieta pensando: “¿A qué hora se va a levantar Budha y dejará ese silencio para que podamos volver a casa?”. El se rió, y la risa comenzó con Mahakashyap y ha seguido y seguido en la tradición Zen. En los monasterios Zen, los monjes han estado riendo, riendo y riendo…

Mahakashyap se rió, y su risa incluía muchas dimensiones. Una dimensión era la tontería de toda la situación, de un Budha en silencio, de nadie que lo entienda y todo el mundo esperando que hable. Toda su vida Budha había estado diciendo que la Verdad no puede ser dicha, aun así, todo el mundo esperaba que hablara.

En la segunda dimensión el se rió de Budha también, de toda la situación dramática que había creado, sentado allí en silencio con una flor en la mano, mirando la flor, creando intranquilidad e impaciencia en todos. Ante ese gesto dramático de Budha, él rió y rió.

En la tercera dimensión él se rió de si mismo, con Budha sentado en silencio, con los pájaros cantando en los árboles y todo el mundo inquieto, Mahakashyap entendió. ¿Qué entendió? Entendió que no hay nada que entender, que no hay nada que decir, no hay nada que explicar. Toda la situación es simple y transparente, no hay nada escondido, no hay nada que buscar, porque todo lo qué es, esta aquí y ahora, dentro de ti. El se rió de si mismo por todo el esfuerzo absurdo de tantas vidas, solo para comprender ese silencio.

Budha lo llamó y le dijo: “Por medio de esta flor te entrego la llave”. ¿Cuál es la llave? Silencio y risa es la llave y cuando la risa proviene del silencio, no es de este mundo, es divina. Cuando la risa provienen del silencio no te estas riendo a costa de nadie, simplemente te estas riendo de todo el chiste cósmico, y realmente es un chiste. Es un chiste porque dentro de ti tienes todo, y tú lo estás buscando en todas partes.

~EL CUIDADO CONSCIENTE~

A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta.

A veces también me hago falta y necesito escuchar mis gritos internos, lamer mis heridas antiguas, remendar mis ilusiones rotas, limar mis altas expectativas, descansar de mis propias cruzadas. A veces no estoy para nadie porque también yo me hago falta. Por ello, si no contesto los mensajes o si pongo en silencio mi teléfono durante unas horas o unos días, no quiere decir que haya cerrado las puertas al mundo y reniegue de todo, más bien quiere decir que he ido de paseo a encontrarme conmigo misma, con esa persona que había descuidado durante bastante tiempo.

Resulta curioso cómo, casi sin darnos cuenta, acabamos dejándonos a nosotros mismos en modo espera, como esa melodía típica que nos acaba sacando de nuestras casillas. Parece increíble cómo nos relegamos al cajón de asuntos pendientes, a la última página de nuestra agenda o a ese post-it amarillo fosforescente que acaba perdiéndose en el ajetreo natural de nuestro escritorio porque siempre hay una prioridad que lo adelanta y lo posterga.

Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo. Benjamin Franklin

Vivimos en una sociedad tremendamente demandante y competitiva, lo sabemos. Hay muchas cosas que hacer, y los días a veces pueden ser tan trepidantes como agotadores. Por si no fuera suficiente, a ello se le añaden los nuevos sistemas de comunicación, ahí donde el trato, las interacciones y la visibilidad son constantes e inmediatas.

Vivimos organizados en diversos grupos de WhatsApp, siempre estamos localizables y en las pantallas de nuestros móviles siempre hay un mensaje que responder, correo que atender, fotos a la que poner un like y un etiquetado al que responder aunque no nos apetezca.

Es como vivir en un epicentro donde nuestra mirada inmadura es incapaz de ver aquello que tiene más cerca. Nuestros ojos cansados pueden leer las necesidades ajenas pero son incapaces ya de descifrar las propias… Todo parece borroso, todo se ha hecho un ovillo que se clava ahí, en nuestro corazón y nuestra mente como si algo fallara, como si algo no fuera bien y no supiéramos qué es…

Por eso, a veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta.

~AFORTUNADO VS DESDICHADO~

Hace muchos años había una vez un campesino que vivía en un poblado, en dónde se dedicaba a criar caballos para luego venderlos como animales de granja, de tiro, etc… Un día una de sus mejores yeguas se escapó de la granja y la familia y los amigos se acercaron a visitarle y le comentaron “¡ Qué lástima que se haya escapado! ¡Con lo bonita que era esa yegua y el dinero que hubieses ganado con sus potrillos! ¡Qué mala suerte!” a lo que el campesino comentó “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Pasaron las semanas y los meses y un buen día de los montes más altos bajó hasta la granja la yegua, acompañada de un caballo salvaje y un potrillo. Al enterarse en el pueblo todos los vecinos se alegraron mucho por él y quisieron celebrarlo. “¿No es maravilloso?” exclamaron. “¡Eres tan afortunado!” “¡Se escapó una yegua y vuelve con un potrillo y un caballo salvaje de las montañas!” “¡Menuda suerte más buena!” El hombre sonrió y dijo, ” Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Durante algunas semanas el hijo mayor del campesino estuvo trabajando en la doma del caballo salvaje, pero uno de los días que lo fue a montar, el caballo lo tiró con fuerza al suelo y el muchacho se fracturó la pierna. De nuevo familiares y vecinos se acercaron hasta la granja y al ver la situación que había ocurrido exclamaron: “¡Qué mala suerte, con lo joven que es tu hijo y se quedará lisiado de por vida!” Nuevamente, el hombre dijo, “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Pasaron los meses y en el país estalló la guerra, de manera que el ejercito buscaba a jóvenes sanos para alistarlos en sus filas. Al llegar al poblado en el que vivía el campesino, dejaron a su hijo por estar lisiado. Rápidamente los familiares y vecinos acudieron a verlo y le dijeron, “Qué suerte tan grande que tu hijo no va a ir a la guerra”. Su respuesta fue la misma: “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá”.

Catalogar lo que nos sucede como bueno o malo tan solo está condicionado por la manera en cómo percibimos las situaciones externas y cómo es nuestro estado de consciencia para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Es decir, para una persona, una situación puede ser buena y en cambio, para otra persona puede ser mala. Nada de lo que sucede en el exterior es bueno o malo, somos nosotros quienes lo juzgamos dependiendo de cómo es nuestra manera de percibir los sucesos y cómo es nuestra situación de vida.

En algún momento de la vida, la mayoría de las personas se dan cuenta de que no solamente nacen, crecen, tienen éxito, buena salud, placeres y victorias, sino de que también hay pérdidas, fracasos, envejecimiento, deterioro, sufrimiento y muerte. En términos convencionales se habla de lo bueno y lo malo, del orden y el desorden.
Las personas suelen asociar el “significado” de la vida con lo “bueno”, pero lo bueno permanece bajo la amenaza constante del colapso, la descomposición y el desorden. Es la amenaza de lo “malo”, cuando las explicaciones fallan y la vida deja de tener sentido. Tarde o temprano, el desorden irrumpe en la vida de todo el mundo. Puede asumir la forma de una pérdida, un accidente, una enfermedad, la invalidez, la vejez y la muerte. Sin embargo, la llegada del desorden a la vida de una persona con el consiguiente colapso del significado definido por la mente, puede constituir la puerta de entrada a un estado de mayor conciencia.

Con nuestra forma de pensar tendemos a aislar las situaciones y los sucesos y los calificamos de buenos o malos, como si existieran por separado. La realidad termina dividida a base de depender excesivamente del pensamiento. Esta división, si bien es una ilusión, parece muy real mientras estamos atrapados en ella. Sin embargo, el universo es un todo indivisible en el cual, todas las cosas están interconectadas y donde nada puede existir aisladamente.

Darnos cuenta que existe una conexión profunda entre todas las cosas y todos los sucesos nos lleva a comprender que lo “bueno” y “malo” no son más que ilusiones. Que siempre nos aportan una perspectiva limitada, puesto que son verdaderos solamente de manera relativa y temporal.

Ese “Quién sabe, mala suerte o buena suerte, el tiempo lo dirá” del sabio campesino de la historia anterior, representa la renuncia a juzgar cualquier cosa que pueda suceder. En lugar de juzgarla, la acepta por lo que es, de manera que entra a estar conscientemente a disposición de los acontecimientos. Sabe que a la mente le queda imposible muchas veces comprender el lugar o el propósito de un suceso aparentemente aleatorio en medio del tapiz del todo. Pero no hay sucesos aleatorios ni cosas que existan aisladamente por sí solas. Las causas del suceso más insignificante son virtualmente infinitas y están conectadas con el todo de manera que escapa a nuestra comprensión. Si quisiéramos devolvernos a encontrar la causa de cualquier suceso, tendríamos que remontarnos hasta el comienzo de la creación. El cosmos no es caótico. La palabra “cosmos” en sí significa orden. Pero no es un orden comprensible para la mente humana, aunque sí es posible vislumbrarlo a veces.

Por ello cada vez que ocurra un hecho que te impacte en tu vida, ponte a disposición del universo sin entrar a valorar si el hecho es bueno o malo y desde la neutralidad pura las circunstancias se irán acomodando a la realidad auténtica, permitiendo que tengas una mayor comprensión. Si necesitas que te acompañe en tus pasos, ponte en contacto conmigo. Lo haré encantada.

~ LA MEJOR DE LAS SONRISAS ~

Solo por hoy confía y sonríe.

A veces la vida nos golpea tan fuerte que perdemos la confianza y automáticamente dejamos de creer, que se sale de todo lo que nos preocupa. Olvidamos que, se vive mejor pensando bonito o no recordamos que, aunque estés sangrando, al final las heridas cierran, sin darnos cuenta que, todo es un proceso por el que todos pasamos.

Porque aquí, no hay nadie entero, todos estamos rotos, desgarrados, remendados y descosidos. Pero, si ponemos confianza en nuestras vidas y cada día nos marcamos la meta de sonreír, vivir y disfrutar con aquello que tienes, sea mejor o peor que otras veces, siempre te sentirás mejor contigo mismo, que en el fondo es de lo que se trata.

“En la antigua China, los taoístas enseñaban que la sonrisa interna constante, la sonrisa dedicada a uno mismo, aseguraba la salud, la felicidad y la longevidad de la persona. ¿Por qué? Porque una sonrisa para sí mismo es, como tomar un baño de amor: te conviertes en tu mejor amigo. Vivir con una sonrisa interior es vivir en armonía con uno mismo.”

A veces no eres capaz de sonreírte de forma sincera, cuando eso ocurre es mejor empezar por agradecer todo lo que tienes. Una persona que vive pensando todo el tiempo en lo desdichada que es, por muchos éxitos que consiga, siempre será realmente desdichada. Cuando somos capaces de centrar o cambiar nuestro punto de atención en otra emoción, todo cambia.

Por lo tanto, si centramos nuestra atención interna en la gratitud y en la sonrisa sincera nuestra vida dará un vuelco y avanzaremos hacia el bienestar interno.

Las personas cuando ven a un bebé desconocido y éste les dedica una sonrisa, a continuación las personas siempre le sonríen. No son capaces de mostrar al bebé su amargura, su dolor y optan por sacar de su interior una sonrisa sincera. Esa es la sonrisa que deben mostrarse cada día a sí mismos.

La mejor sonrisa de todas, la sonrisa interior. 🙂

Solo por hoy confía y sonríe. Yo lo intento cada día desde mi interior.

Si quieres profundizar más en el tema, cuenta conmigo. En la sección de contacto te digo cómo hacerlo.

– EL CONSUELO –

” Vi llorar un alma inconsolable…” Pablo López.

Las heridas que sufrimos, cuando son profundas, nos provocan un dolor desgarrador en el alma. Dolor que apaciguamos con el llanto pero, ¿qué hacemos cuando ni siquiera el llanto consigue calmarnos? cuando el sentimiento que tenemos nos arrastra, hasta un desconsuelo porque no podemos con la carga de la emoción. El entorno nos dice que el tiempo cura las heridas, pero si el tiempo pasa y tú no mejoras, ¿Qué haces?

Normalmente, te pones una máscara y disimulas. Disimulas que estás bien. Finges que ya no te duele. Actúas como que no pasa nada. Aunque la realidad te demuestra que en tu interior estás igual de mal, que te sientes infeliz…

“Infeliz” he aquí la clave.

Las personas nos mantenemos infelices por varios motivos, cuando no soy feliz ante los demás, obtengo un consuelo momentáneo que calma mis heridas, en otras ocasiones, no me permito ser feliz por lealtad a aquellos que por diferentes circunstancias no pueden disfrutar de la situación en este momento, de igual modo existen más formas. Sin embargo, cuando analizamos nuestro transcurrir diario y observamos todos los acontecimientos que nos suceden, vemos que realmente NO somos tan infelices.

Lo que nos ocurre es, como si hubiésemos sacado una foto del hecho que nos marcó la herida profunda y la utilizásemos todos los días de pantalla de vida, de filtro en la mirada. De manera que cuando observamos el instante que nos aportaría felicidad, nos ponemos ese filtro y valoramos la situación a través de ese dolor, impidiendo conectar nuestras emociones reales con nuestro corazón. Dejando que se manifieste solamente el dolor profundo que cargamos. Nos saboteamos un poco nuestra realidad.

Darnos cuenta de ese autosabotaje que nos realizamos, nos permite reaccionar en busca de un consuelo, que podemos encontrar a través de diferentes técnicas, de terceras personas, de profesionales, etc. Que nos van a dar la forma de crear un mecanismo para fabricar nuestro propio consuelo.

Si observamos la palabra CON-SUELO nos está indicando, que atender nuestras heridas profundas, nos aportará un SUELO CON el que tener una base de apoyo para sujetarnos y mantenernos estables. Dicha estabilidad, nos permitirá observar la realidad de cada instante para darnos cuenta, de dónde está nuestro error y asumir que podemos cambiarlo en algo que nos de seguridad interna.

Realizar este desarrollo puede parecer complicado, sin embargo, no lo es. Si quieres avanzar en el tema, ponte en contacto conmigo y te acompaño en tu proceso.