~EL MIEDO~

El miedo es un gran bloqueante del sistema humano. Sirve en primera instancia para salvar la vida en caso de un impacto de la realidad a modo supervivencia pero después de que se produzca dicho impacto lo que corresponde es reaccionar. ¿Cómo reacciono cuando tengo miedo? Lo mejor es hacerlo. Sin pensar, solo actuando. Si nos detenemos a medir las consecuencias de realizar el acto el miedo actuará de bloqueante y no nos permitirá avanzar hacia ningún lado.

En una ocasión me encontraba en un parque acuático con mi familia y decidimos tirarnos por uno de los toboganes más altos y para mi entender más peligrosos del parque, mientras hacíamos cola para tirarnos por mi mente pasaban todo tipo de ideas, e hipótesis de accidentes que ocurren en los parques acuáticos, de manera que cada vez tenía más miedo de tirarme. Los miembros de mi familia se fueron tirando uno a uno y llegaron al fondo de la piscina sanos y salvos. Cuando me tocó el turno de saltar no pude hacerlo, el miedo había bloqueado todo mi cuerpo, sentía un dolor en la zona lumbar. Mis glándulas suprarrenales estaban soltando adrenalina a tope para afrontar la situación. Tras tres intentos fallidos de saltar tomé la decisión de hacerlo sin pensarlo. Cuando llegué abajo solamente podía pensar en que no necesitaba pasar por lo mismo, que el salto no me compensaba el mal rato. Sin embargo cuando dejé pasar unos días sobre cómo me sentía y dejé enfriar las emociones, de repente descubrí que saltar era y es necesario. Hacer las cosas sin pensar en el miedo, sin pensar en las consecuencias, sin meditar en lo que pueda pasar. Arriba no me podía quedar, solo me quedaba la opción de saltar y confiar en mí. A veces las consecuencias de ese acto no son las que nos gustarían pero normalmente nos ayudan a superarnos.

A continuación te dejo un texto que tomé prestado:

“Tenía miedo de estar solo: ¡Hasta que aprendí a quererme a mí mismo!

Tenía miedo de fracasar: ¡Hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo intento!

Tenía miedo de lo que la gente opinara de mí: ¡Hasta que me di cuenta que de todos modos opinarían de mí!

Tenía miedo de que me rechazaran: ¡Hasta que entendí que debía tener fe en mí mismo!

Tenía miedo de sentir dolor: ¡Hasta que aprendí que era necesario para crecer!

Tenía miedo de la verdad: ¡Hasta que descubrí la falsedad de las mentiras!

Tenía miedo de la muerte: ¡Hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo!

Tenía miedo de sentir odio: ¡Hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que la ignorancia!

Tenía miedo de hacer el ridículo: ¡Hasta que aprendí a reírme de mi mismo!

Tenía miedo de hacerme viejo: ¡Hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día!

Tenía miedo de mi pasado: ¡Hasta que comprendí que no podía herirme más!

Tenía miedo de la oscuridad: ¡Hasta que vi la belleza de la luz de una estrella!

Tenía miedo de cambiar: ¡Hasta que vi, que aun la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar!”

Actuar nos permite avanzar, crecer, hacernos más íntegros como personas, también nos sirve para darnos cuenta que somos muy valientes. ¡¡No dudes, ACTÚA!!

¿QUIÉN ERES SIN AMOR?

Hoy encontré este escrito, ignoro su autor pero me encanta y quiero compartirlo.

La inteligencia sin Amor, te hace perverso.
La justicia sin Amor, te hace hipócrita.
El éxito sin Amor, te hace arrogante.
La riqueza sin Amor, te hace avaro.
La pobreza sin Amor, te hace resentido.
La belleza sin Amor, te hace ridículo.
La verdad sin Amor, te hace hiriente.
La autoridad sin Amor, te hace tirano.
El trabajo sin Amor, te hace esclavo.
La sencillez sin Amor, te envilece.
La oración sin Amor, te hace introvertido.
La ley sin Amor, te esclaviza.
La política sin Amor, te hace ególatra.
La FE sin Amor, te hace fanático.
La Cruz sin Amor, se convierte en tortura.
La vida sin Amor, no tiene sentido.

Todos necesitamos Amor en nuestra vida, el verdadero amor que está dentro de nosotros y que nos permite SER. Ese amor propio es la base sobre la que se construye nuestra felicidad, nuestra personalidad, nuestra ilusión por vivir y que nos otorga la capacidad y la calidad para amar a nuestros seres queridos.

Dicen que en África existe un poblado en donde si alguno de sus habitantes hace algo que está mal, le llevan al centro del pueblo, le rodean entre todos los que le conocen y durante dos días le dicen todas las cosas buenas que ha hecho a lo largo de su vida. Ellos aseguran que no existen las personas malas solamente su alma se olvidó de quién era y ellos se lo recuerdan con Amor.

A veces nos olvidamos de amarnos y por extensión nos olvidamos de cuidarnos, dejamos de respetar nuestros sentimientos, nos humillamos e incluso nos maltratamos hacia dentro juzgando todo lo que sentimos y lo que hacemos. Es importante que al igual que cada día cuidamos nuestra higiene exterior dediquemos unos minutos a realizar una higiene interior al inicio de nuestro día para atendernos interiormente y otros minutos al final del día para valorarnos y reconfortarnos. De esta forma aprendemos a cuidarnos y enseñamos a los demás a cómo deben tratarnos.

¡Date el valor que tienes, valora te y de ese modo serás valorado!

EL CAMBIO QUE LLEVA A LA TRANSFORMACIÓN

Todos queremos cambiar. Dejar atrás y sin remordimientos aquello que nos causa dolor, angustia o pesar para poder ir hacia una transformación sencilla, que nos permita alcanzar fácilmente nuestros mejores sueños y deseos. Sinceramente, en un mundo de fantasía seguro que lo consigues pero en la realidad lo dudo mucho.

Todo cambio requiere valentía para romper con todo lo que tienes grabado en tu cuerpo, en tu mente y en tu alma porque si no llevas a cabo esa ruptura con todo el pasado, no puedes cambiar tu futuro para tener un presente equilibrado.

¿Y cómo se consigue ese cambio? No hay transformación posible sin la energía de la constancia:

“Una pequeña gota de agua le dijo a la inmensa roca que yacía bajo ella: Tu eres muy dura pero yo tengo mucho tiempo”

Necesitas constancia en el cambio y para ello empieza con un objetivo al que sientas que puedes hacerle frente. Este cambio puede ser levantarte de la cama la primera vez que suena el despertador y no estar pulsando el botón de espera cada 5 minutos.

También tienes que tener en cuenta que cambiar no es fácil. Supone romper con ideas, hábitos y personas que no te ayudan a avanzar en tu transformación. Porque entiende que, tanto tu mente como gente que está contigo, te van a decir constantemente que no es necesario que cambies, que tampoco se está tan mal así. Aunque tú sabes en el fondo de ti mismo que no quieres seguir por ese camino, que necesitas un cambio ¡YA!

Haz un mapa de ruta, ponte una fecha como meta y empieza el cambio hoy.

Existe un método para no sentir tanta presión, carga o miedo ante el cambio que estas iniciando y que te ayudará a que lo lleves mejor. Consiste en realizar lo siguiente:

Todas las noches cuando te vayas a dormir, justo cuando te estás empezando a quedar dormido, recuerda todo lo que has vivido durante el día y dáselo a la esencia original del universo, dile “te doy mi día” y así cada noche. Noche tras noche. Incluso cuando ya hayas conseguido tu objetivo. ¿Por qué incluso después? Porque vendrán nuevos objetivos y si mantienes la costumbre te será más fácil conseguirlo. Necesitas ser constante.

De este modo conseguirás que tu cerebro procese mejor el cambio y se convierta en tu aliado, en vez de tu enemigo, animándote a seguir de manera inconsciente pero con gran coherencia.

¿Y si me duermo antes de terminar de recordad mi día? No importa que te duermas, el cerebro seguirá haciendo su tarea y procesará toda la información que has vivido en ese día para ofrecerte el mayor beneficio que hay en un cambio: LA ESTABILIDAD.

Esta estabilidad te ofrecerá una valentía que te llevará hasta esa transformación que precisas. Sentirás que eres más valiente de lo que pensabas y te otorgará una seguridad en ti mismo que ya nada podrá cambiar. Porque esta transformación te permitirá SER.

“De gusano a mariposa”.

~LA ESCASEZ~

Con todo este confinamiento a nivel global, con la ralentización de la economía hasta casi su paralización la mayoría de las personas vislumbran la escasez como resultado, lo que llevará al cierre de negocios y a la pérdida de poder adquisitivo.

“Para ver claramente, debemos calmarnos. Cuando estamos sobrepasados por las emociones fuertes, somos como un árbol en una tormenta, con sus ramas altas y sus hojas oscilando con el viento. Pero el tronco del árbol está sólido, estable y profundamente enraizado en la tierra. Cuando estamos atrapados en una tormenta de emociones podemos praticar parecernos al tronco del árbol. Nos vamos abajo al tronco y volvemos a la quietud, no nos dejamos llevar por nuestros pensamientos y emociones. No decimos o hacemos nada; solo enfocamos toda nuestra atención en sentir cómo sube y baja nuestro abdomen, nuestro tronco. Esto nos protege de hablar con ira y de decir algo de lo que podamos arrepentirnos”.

Thich Nhat Hanh en “Cómo luchar”.

Quizás sea fantasioso esto que comentaré, quizás raye la locura (con tantos días encerrados podría justificarse) pero lo cierto es que todo esto no es más que una puesta a cero.

Una puesta a cero con ventajas:

– En las que nadie ha fracasado, todos hemos perdido algo o peor aun, a alguien. Siempre nos quedará la experiencia para empezar de nuevo o el recuerdo de quien estuvo y lo que nos quiso. Haz que sea tu combustible para seguir en el camino.

– Si lo que hacías no te gustaba empieza ahora con aquello que te apasiona y si te encantaba continua con más ganas. Sacúdete el polvo, olvida las heridas y sigue avanzando.

– No pienses en lo que fue en el pasado, no existe. Solo tienes hoy! Inventa, crea, cambia, crece. Todo lo que hagas para mejorarte es para sentirse orgulloso de quien eres.

– Nadie sabe exactamente por lo que estás pasando, todo lo que estás sufriendo, solo tú. Por ello solo tú puedes levantar tu ánimo y tu vida. Si no te sientes con fuerzas para hacerlo busca ayuda profesional, si ya la tienes y no te sientes comprendido, cambia a otra persona. No vale hundirse.

– Si no tienes para alimentar a tu familia busca otro empleo, el campo pide manos a gritos. Así tendrás trabajo, pon unas gallinas y tendrás huevos, planta patatas y llenarás el estómago. La tierra nos ofrece recursos para sostenernos vivos. La tierra no necesita ricos, necesita seres vivos que la cuiden. El dinero no se puede comer.

– La escasez es para quien la siente. Aprende a vivir con menos, no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita. A veces confundimos la comodidad con la felicidad y no es así. Por ejemplo: Nos resulta más cómodo comprar una tarta pero en este confinamiento hemos aprendido a disfrutar del placer de cocinar una nosotros mismos y degustarla como el mejor de los manjares.

– Eres más valiente de lo que piensas. No es la primera vez que te enfrentas a una situación dura y has salido adelante, más sabio. Ahora utiliza esa sabiduría para potenciar tus recursos.

– La escasez y la abundancia son formas de ver la vida. Nadie es suficientemente rico ni absolutamente pobre, deja de compararte, de sentir lástima de ti mismo, de no asumir tus posibilidades por temor. Decide cual será tu siguiente objetivo real y pon tu empeño en lograrlo.

– Confía en ti, confía tanto, que nadie pueda dudar de lo que eres. No lo olvides.

Y LA VIDA NOS AYUDÓ A PARAR

Durante mucho tiempo he escuchado al entorno decir qué harían si tuvieran tiempo y quejarse de su falta para poder hacer aquello que les llenaba el alma. Ahora la vida nos ofrece esta posibilidad anhelada por la mayoría global del planeta.

Porque ahora…

No pasa nada si te levantas tarde…
Si te llaman a las 8 am y estás durmiendo todavía… y te tomas tiempo para tomarte un café…
No pasa nada si desayunas a las 11am…
No pasa nada si estás toda la mañana con tus plantas y no haces nada más…
No pasa nada si almuerzas a las 4pm…
No pasa nada si te bañas a las 6 pm…
No pasa nada si estás todo el día en ropa cómoda y no te arreglas…
No pasa nada si no te pintas el pelo y tienes 2 dedos de raíz…
No pasa nada si no te maquillas, mejor, tu piel respira…
No pasa nada si no te echas esmalte, mejor, tus uñas se desmanchan…
Pon tus propias reglas, vive a tu manera.
Es un tiempo en casa, que tal vez muchos deseaban…
Para leer un libro…
Para ver pelis todo el día…
Para realizar tu pasatiempo…
Para disfrutar de los hijos…
Para hacer eso que tenías abandonado…


Cuántas veces no dijiste que estabas cansado y querías dormir hasta tarde, o pasar tiempo con tu familia.
En este mundo con tanto estrés creo que era el deseo más grande de cualquiera.
Pues disfrútalo!!!, no va a ser para siempre.
Así cuando vuelvas a trabajar también lo disfrutarás y te sentirás pleno.
Creo que está situación tan atípica nos deja la mejor enseñanza …
Disfruta cada momento!!!
Si te toca descansar descansa…
Si es tiempo de trabajar trabaja…
Pero vive el ahora
Y ahora mismo es momento de disfrutar de tu familia, de relajarte, de descansar, de leer, de hacer ejercicio, pero haz lo que quieras, lo que te haga feliz…no lo que se supone que debes hacer, ve a tu propio ritmo, sin sentirte culpable.
Cocina, comparte, baila, ríe, grábate, disfruta de cada cosa por mínima que sea.
Y da gracias por estar vivo, por tener un techo, pan sobre tu mesa, una familia que te ama, unos amigos con quien videollamar.
Vive, ama, ámate y se feliz.
La vida es una y es ahora.

Cuando te das por vencido…

EL HELECHO Y EL BAMBU

Un día decidí darme por vencido…renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio.

-¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté.

-Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú?

-Sí, respondí.

-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.

-En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.

-En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.

-En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.

-En el quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante.

-El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? Le dijo el anciano y continuó…

-El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.

-Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida, le dijo el anciano y continuó…

-La felicidad te mantiene dulce. Los intentos te mantienen fuerte. Las penas te mantienen humano. Las caídas te mantienen humilde. El éxito te mantiene brillante…

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…

Anónimo

~ SUPERAR LA PANDEMIA ~

Del libro rojo de Carl Gustav Jung
“¡Capitán!, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto”
“¿Que te inquieta chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?”
“No es eso, capitán. No soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar mi familia”.
“¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar alguien querido que no puede sobrevivir a la enfermedad?”
“No me lo perdonaría nunca, aún cuando para mí, han inventado esta peste”
“Puede ser. ¿Pero si no fuese así?”
“Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad capitán, me han privado de algo”
“Y tú debes privarte aún de algo más”
“Me estáis tomando el pelo?”
“En absoluto. Si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido”
“Entonces, según usted si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?”
“Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.”
“¿Y que es lo que os quitaste?”
“Tenía que esperar más de 20 días dentro del barco. Eran meses que esperaba de llegar al puerto y gozar de la primavera a tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos vetaron de bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Antes empecé a reflexionar sobre aquellos que tienen muchas privaciones en cada día de su miserable vida y luego, por entrar en la óptica justa, decidí vencer. Empecé con el alimento. Me impuse de comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido al hombre en buena salud.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Me impuse de leer, al menos una página cada día, de un libro que no conocía. Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza. La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a cualquier entidad por no haberme dado privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado también, coger la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos y así esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajase a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Todo lo que podemos obtener en seguida, nunca es interesante. La espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.
“¿Como acabó capitán?”
“Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.”
“”Os privaron de la primavera entonces?”
“Si, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro de mi ser y nadie, nunca más, podrá arrebatármela”
C. G. Jung ( y aquí y gracias a mis lectores debo ser honesta y admitir que no es un texto que pertenece ni al Libro Rojo, ni tampoco a Carl Gustav Jung pero que sirve para hacernos pensar de qué manera hacemos frente a este momento)

¿Y tú cómo lo piensas hacer? Recuerda que hasta en las prisiones siguen unas normas diarias. Cuídate por dentro para estar bien por fuera y cuídate por fuera para sentir fuerza interna. Ahora más que nunca el amor propio es el amor más empático que existe, donde cuidar de ti supone cuidar de todos. Aprovecha la ocasión que nos brindan para conocerte un poco más, para quererte algo más y sobretodo para crecer en ti mismo/a. Convierte te en el humano que te gustaría ser. Aprovecha el tiempo para aprender aquello que desconoces. Alcanza tu paz interior y florece en la semilla que llevas dentro.

EL DESORDEN Y LAS EMOCIONES

¿Sabías que el acumulamiento de cosas en el hogar y el desorden se relacionan con diferentes clases de miedos? Cuando vivimos situaciones difíciles que nos marcan emocionalmente, nos invaden los miedos que se producen a los cambios, miedo a ser olvidado por alguien importante para nosotros. De igual importancia el miedo a olvidar algo vivido o a alguien a quien apreciamos, miedo a la carencia y a la pérdida. Estas situaciones simbolizan además confusión, falta de perspectiva, caos, desequilibrio y puede significar además incertidumbre acerca de tus metas, tu identidad o lo que quieres de la vida.

A todo esto hay que añadir que el lugar de la casa en el que el desorden o el acumulamiento se encuentran, refleja qué área es problemática en tu vida. Por ejemplo, se dice que el vestidor, refleja cómo te encuentras emocionalmente y que una vez lo organices tus conflictos internos se calmarán, o que un edredón desteñido significa que tu vida amorosa ha perdido brillo también.

¿Has conservado objetos rotos o dañados mucho tiempo pensando en repararlos algún día? Simbolizan promesas y sueños rotos y si se trata de electrodomésticos, electrónicos, muebles o vajilla y los tienes, por ejemplo, en la cocina o baño significan problemas de salud y riqueza.

Si el desorden lo tienes en tu cuarto significa que eres una persona que deja las cosas inconclusas y que, tienes dificultad para tener una pareja o trabajo estable. Los cuartos de niños normalmente están desordenados porque aún no han pasado por el proceso de saber qué quieren en la vida, pero hay estudios que muestran que los niños que mantienen sus cuartos organizados tienden a ser mejores en la escuela.

Por lo mismo existen diferentes clases de acumulamiento.

Acumulamiento nuevo: Este acumulamiento indica que estás tratando de hacer demasiadas cosas a la vez y que no te estás enfocando en lo que debes hacer y que has perdido la dirección. Este acumulamiento o desorden incluye ropa apilada, cd’s o películas alrededor de la casa, juguetes o artículos deportivos desparramados, cosas que has usado recientemente pero no has puesto de vuelta en su sitio. La manera apurada en que vivimos tienden a crear este tipo de desorden y casi todos los tenemos en nuestro hogar en alguna medida.
Organizar este tipo de desorden en forma inmediata te ayuda a ser más centrada y efectiva en tu vida diaria.

Acumulamiento antiguo: Me refiero a objetos que no usaste en un largo tiempo y que están apilados en el ático, garaje, armarios… Papeles de trabajo viejos y documentos en tu computador que ya no usas, revistas de hace más de 6 meses o ropa que no te has puesto en más de un año. Esto es reflejo de que estás viviendo en el pasado y estás dejando que tus viejas ideas y emociones se apoderen de tu presente y esto a la vez evita que nuevas oportunidades y personas entren en tu vida.

De todo esto se deduce que solo puedo ordenar mi vida cuando veo el desorden en su plenitud.

¿Cómo ver el desorden en su plenitud? Observando lo externo y lo interno. Todos estamos desordenados en alguna de nuestras áreas. Para ordenar nuestra vida, podemos ordenar lo exterior pero nunca estaremos conformes pues nuestro interior estará desordenado. De igual manera que si ordenamos nuestro interior (tarea bastante más difícil de llevar a cabo) nos sentiremos confortables pero no conformes. Pues nuestro exterior clama por un orden.

Entonces ¿qué podemos hacer para encontrar el equilibrio entre los dos desórdenes? En primer lugar empezar por el que te resulte más fácil para ganar autoconfianza e ir alternando el orden en el interior con el exterior. Lo que nos permitirá estar conformes y confortables. Recordando que es vital respetar los tiempos de trabajo, la necesidad de pausa, la valoración del camino recorrido, para poder recopilar fuerzas/ganas e ilusión por alcanzar los objetivos y también los tiempos de duelo para dejar ir lo acumulado.


CRISIS EMOCIONAL

Cada vez que estás en crisis emocional se debe a que una parte de ti se ha olvidado cómo hacer las cosas importantes. Las cosas que están relacionadas con los verdaderos sentimientos que enriquecen el alma.

“Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin”

LA IMPORTANCIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS

-Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

-Nada de nada, le contestó la paloma.

-Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:
Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.

Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
-Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo.

¿Cuántas veces nos hemos quedado de brazos cruzados asumiendo que lo que digamos o hagamos no va a cambiar nada? No reclamo una calificación que me parece injusta porque seguro que el profesor no me va a hacer caso, o no voy a una manifestación (aunque apoye la causa por la que se ha convocado) porque entre tanta gente mi ausencia no se notará, o no defiendo a un compañero a quien le hacen la vida imposible en el trabajo por si me cogen manía a mí…

Hay muchas personas que piensan que lo que ellas hacen tiene escasa importancia, que su esfuerzo, su generosidad o su lealtad no servirán para nada. Pero lo cierto es que son las pequeñas acciones las que acaban generando los grandes cambios. Puede que al final solo una de esas pequeñas acciones sea la determinante, pero nunca lo habría sido sin todas las que la han antecedido.

El efecto mariposa dice que un tsunami se produce por el aleteo de una mariposa. Un pequeño movimiento genera una cadena de reacciones que aumenta la acción a cada paso provocando un movimiento mayor que lleva a crear una nueva posibilidad.

Como dijo la Madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

No somos conscientes de la importancia de las pequeñas cosas, algo que consideramos insignificante puede cambiar el rumbo de vida cualquier persona. Dar el adecuado valor a cada cosa que nos sucede y reconocerlo nos va a permitir que seamos responsables y receptivos ante los hechos que la realidad nos ofrece. Observar el entorno y observarnos a nosotros mismos nos permitirá darnos cuenta del valor que tiene cada instante, cada acción. Algo que para ti es poco más que un simple acto puede cambiar el rumbo de vida de otra persona y permitir que sea más feliz. Gracias a ti.

Este blog es prueba de ello, existe porque tú me lees. Cada vez que pones la dirección de este blog para leer algo que está publicado alientas mis ilusiones por seguir en este campo. Gracias por leerme y compartirme con quien consideres que lo valorará. Yo lo hago contigo.