EL DESORDEN Y LAS EMOCIONES

¿Sabías que el acumulamiento de cosas en el hogar y el desorden se relacionan con diferentes clases de miedos? Cuando vivimos situaciones difíciles que nos marcan emocionalmente, nos invaden los miedos que se producen a los cambios, miedo a ser olvidado por alguien importante para nosotros. De igual importancia el miedo a olvidar algo vivido o a alguien a quien apreciamos, miedo a la carencia y a la pérdida. Estas situaciones simbolizan además confusión, falta de perspectiva, caos, desequilibrio y puede significar además incertidumbre acerca de tus metas, tu identidad o lo que quieres de la vida.

A todo esto hay que añadir que el lugar de la casa en el que el desorden o el acumulamiento se encuentran, refleja qué área es problemática en tu vida. Por ejemplo, se dice que el vestidor, refleja cómo te encuentras emocionalmente y que una vez lo organices tus conflictos internos se calmarán, o que un edredón desteñido significa que tu vida amorosa ha perdido brillo también.

¿Has conservado objetos rotos o dañados mucho tiempo pensando en repararlos algún día? Simbolizan promesas y sueños rotos y si se trata de electrodomésticos, electrónicos, muebles o vajilla y los tienes, por ejemplo, en la cocina o baño significan problemas de salud y riqueza.

Si el desorden lo tienes en tu cuarto significa que eres una persona que deja las cosas inconclusas y que, tienes dificultad para tener una pareja o trabajo estable. Los cuartos de niños normalmente están desordenados porque aún no han pasado por el proceso de saber qué quieren en la vida, pero hay estudios que muestran que los niños que mantienen sus cuartos organizados tienden a ser mejores en la escuela.

Por lo mismo existen diferentes clases de acumulamiento.

Acumulamiento nuevo: Este acumulamiento indica que estás tratando de hacer demasiadas cosas a la vez y que no te estás enfocando en lo que debes hacer y que has perdido la dirección. Este acumulamiento o desorden incluye ropa apilada, cd’s o películas alrededor de la casa, juguetes o artículos deportivos desparramados, cosas que has usado recientemente pero no has puesto de vuelta en su sitio. La manera apurada en que vivimos tienden a crear este tipo de desorden y casi todos los tenemos en nuestro hogar en alguna medida.
Organizar este tipo de desorden en forma inmediata te ayuda a ser más centrada y efectiva en tu vida diaria.

Acumulamiento antiguo: Me refiero a objetos que no usaste en un largo tiempo y que están apilados en el ático, garaje, armarios… Papeles de trabajo viejos y documentos en tu computador que ya no usas, revistas de hace más de 6 meses o ropa que no te has puesto en más de un año. Esto es reflejo de que estás viviendo en el pasado y estás dejando que tus viejas ideas y emociones se apoderen de tu presente y esto a la vez evita que nuevas oportunidades y personas entren en tu vida.

De todo esto se deduce que solo puedo ordenar mi vida cuando veo el desorden en su plenitud.

¿Cómo ver el desorden en su plenitud? Observando lo externo y lo interno. Todos estamos desordenados en alguna de nuestras áreas. Para ordenar nuestra vida, podemos ordenar lo exterior pero nunca estaremos conformes pues nuestro interior estará desordenado. De igual manera que si ordenamos nuestro interior (tarea bastante más difícil de llevar a cabo) nos sentiremos confortables pero no conformes. Pues nuestro exterior clama por un orden.

Entonces ¿qué podemos hacer para encontrar el equilibrio entre los dos desórdenes? En primer lugar empezar por el que te resulte más fácil para ganar autoconfianza e ir alternando el orden en el interior con el exterior. Lo que nos permitirá estar conformes y confortables. Recordando que es vital respetar los tiempos de trabajo, la necesidad de pausa, la valoración del camino recorrido, para poder recopilar fuerzas/ganas e ilusión por alcanzar los objetivos y también los tiempos de duelo para dejar ir lo acumulado.


CRISIS EMOCIONAL

Cada vez que estás en crisis emocional se debe a que una parte de ti se ha olvidado cómo hacer las cosas importantes. Las cosas que están relacionadas con los verdaderos sentimientos que enriquecen el alma.

“Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin”

LA IMPORTANCIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS

-Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

-Nada de nada, le contestó la paloma.

-Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:
Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.

Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
-Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo.

¿Cuántas veces nos hemos quedado de brazos cruzados asumiendo que lo que digamos o hagamos no va a cambiar nada? No reclamo una calificación que me parece injusta porque seguro que el profesor no me va a hacer caso, o no voy a una manifestación (aunque apoye la causa por la que se ha convocado) porque entre tanta gente mi ausencia no se notará, o no defiendo a un compañero a quien le hacen la vida imposible en el trabajo por si me cogen manía a mí…

Hay muchas personas que piensan que lo que ellas hacen tiene escasa importancia, que su esfuerzo, su generosidad o su lealtad no servirán para nada. Pero lo cierto es que son las pequeñas acciones las que acaban generando los grandes cambios. Puede que al final solo una de esas pequeñas acciones sea la determinante, pero nunca lo habría sido sin todas las que la han antecedido.

El efecto mariposa dice que un tsunami se produce por el aleteo de una mariposa. Un pequeño movimiento genera una cadena de reacciones que aumenta la acción a cada paso provocando un movimiento mayor que lleva a crear una nueva posibilidad.

Como dijo la Madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

No somos conscientes de la importancia de las pequeñas cosas, algo que consideramos insignificante puede cambiar el rumbo de vida cualquier persona. Dar el adecuado valor a cada cosa que nos sucede y reconocerlo nos va a permitir que seamos responsables y receptivos ante los hechos que la realidad nos ofrece. Observar el entorno y observarnos a nosotros mismos nos permitirá darnos cuenta del valor que tiene cada instante, cada acción. Algo que para ti es poco más que un simple acto puede cambiar el rumbo de vida de otra persona y permitir que sea más feliz. Gracias a ti.

Este blog es prueba de ello, existe porque tú me lees. Cada vez que pones la dirección de este blog para leer algo que está publicado alientas mis ilusiones por seguir en este campo. Gracias por leerme y compartirme con quien consideres que lo valorará. Yo lo hago contigo.

El abandono emocional

Ese sentimiento que nos hace sentirnos rotos al pensar que ya no pertenecemos al clan familiar. Que quien nos daba un soporte, ya no está o no lo puede transmitir y eso nos lleva a sentirnos solos, tristes y abandonados.
El ser humano es un animal social que necesita pertenecer a un grupo. Cuando se ve excluido del grupo comienza a sentir un abandono, un abandono emocional, que forma un vacío interno inconsciente. Este vacío nos obligará a sentir que nos falta algo y que necesitamos llenarlo con aquello que más se parezca a lo que allí existía anteriormente, para que nos produzca un mínimo de satisfacción, de plenitud. Pero que por desgracia, no se suele mantener lleno mucho tiempo y cada vez que sintamos que se vacía rápidamente, buscará la manera de llenarlo sin analizarlo, provocando una infelicidad constante, lo que dará paso a la inseguridad de poseer algo y esto nos llevará al apego emocional.

Pero, ¿es esto cierto? ¿realmente estamos solos en algún momento de la vida? Resulta que cada vez que te miras en el espejo ves a una persona que siempre está y a la que no prestas demasiada atención. Si esa persona fuera otra diferente a ti y siempre te acompañase en todo momento, no te sentirías abandonado, ¿cierto? Ahora piensa, ¿en qué momento te olvidaste de ti para quitarte el valor que te corresponde? Cada uno de nosotros valemos muchísimo pero preferimos devaluarnos como si fuéramos insignificantes y no nos colocamos en nuestro lugar.

¿Quieres saber cual es tú lugar? Dentro de ti mismo, justo ahí donde sientes abandono, porque el verdadero abandono empieza con uno mismo y de esta manera enseñas a los demás a que te pueden abandonar. Como tú no sabes cuánto vales, no puedes enseñárselo a los demás. Por eso es importantísimo empezar con uno mismo.

Empieza por escuchar qué es lo que necesitas de ti mismo, qué es lo que te conecta con tu esencia vital y a partir de ahí trabaja por conseguirlo. Con cada avance regocíjate internamente y con cada bajón prémiate por el camino recorrido. Es un proceso lento que lleva dedicación exclusiva pero que te aportará tanta plenitud que, nunca más sentirás abandono, ya no estarás solo ni te hará falta nadie a tu lado y por increíble que parezca es entonces cuando, todos querrán estar a tu lado.

– CÓMO HACER QUE TODO TE IMPORTE UNA MIERDA –

Ser feliz, ser bueno, ser positivo, ser optimista, ser exitoso, estar despierto, estar espiritualmente iluminado.
Consumir la dieta perfecta. Atraer un millón de seguidores en Instagram. ¡Vivir tu mejor vida!
Escalar en tu carrera profesional. Tienes que estar en forma y saludable. Ser tu yo más perfecto. Manifiesta tu propósito de vida. Optimiza las funciones de tu cuerpo. Libera tu dolor, tu miedo, el enojo, y la tristeza. Libérate de la duda. Enamórate del hombre o la mujer de tus sueños y vive felizmente por siempre, y nunca más te sentirás solo/a nuevamente.

Este sueño es hermoso, pero está literalmente matándonos.

El alma eterna no tiene interés en vivir bajo ningún ideal de felicidad, aunque sea hermoso.

Su rabia, terrible y sagrada, hierve por debajo de todo el proyecto de auto ayuda. Clama por ser auténtica, por la Verdad a cualquier costo.

A la mierda con la mentira de la “vida perfecta”;
Esto solo nos torna depresivos, ansiosos, adictos, y en verdad alimenta nuestra culpa y sentimientos de auto desprecio y de fracaso. La lucha constante al final nos agota, nos hace caer de rodillas.
Es demasiado trabajo para nuestro pobre organismo, ser “positivo” todo el tiempo.

Lo Inconsciente se encuentra furioso por la mentira.
Y quiere su jodido descanso.

Pero en nuestro estado exhausto, incluso con miedo de contactar con nuestro agotamiento, nos medicamos, nos volcamos a las bebidas energizantes, las drogas, los mantras, el gimnasio, a más positivismo.
O simplemente nos perdemos en el pensamiento.
O creamos una nueva identidad: la del “deprimido” o “el fracasado”.
O simplemente “vamos más allá” del agotamiento y nos mantenemos ocupados, anestesiándonos.
Seguimos en movimiento a cualquier costo. Sin parar.
La felicidad, literalmente nos hace infelices.

A la mierda con esta forma de falsa felicidad.
Es de vital importancia hacer espacio para la oscuridad también.
Crear espacio en tu vida para la pena, la rabia, la vergüenza, el miedo, y la soledad.
Sacar a estas pobres y malentendidas criaturas de sus escondites y hacia la Luz.
Y si no lo haces, te drenarán tu vida como vampiros,
Hasta que las escuches.

Ten la voluntad de exponer tu infelicidad también.
Dale una voz a la pena, al enojo, al miedo, a la soledad que hay en lo profundo.
Rompe algunos tabúes.
Di la palabra “incorrecta”.
Destruye la falsa imagen.
Tal vez perderás seguidores.
Tal vez pierdas amigos.
Tal vez pierdas tu trabajo.
Ciertamente perderás tu máscara.

El cambio debe hacerte temblar de miedo. ¡Bien! Así es como se supone que debe ser.

Tal vez pierdas todo y tengas que empezar una vida nueva.
Pero el alma se regocijará.
Ya ha pasado por una miríada de muertes y renacimientos.
No le importaría una mierda protegerse a sí misma del cambio.
En cambio encuentra el cambio como excitante, inspirador, hasta erótico.

Existe una Felicidad mucho más grande que realmente abraza incluso nuestra profunda infelicidad sin avergonzarla.
Esta es la Felicidad que siempre has anhelado.
La Felicidad que hace añicos la máscara, destruye nuestras defensas, ve nuestras debilidades, nuestra vulnerabilidad, nuestro dolor más profundo…y lo acepta y nos ama tal cual somos.

Entonces bien; aquí está tu nuevo mantra espiritual…

A la mierda (el concepto mental de) felicidad.
A la mierda “Namasté”.
A la mierda con tratar de ser bueno.
A la mierda con la espiritualidad.
A la mierda con la perfección.
A la mierda con tratar de encajar.
A la mierda todos los dioses, gurúes y guías que alimentan la asquerosa mentira de la felicidad como un destino y una meta.
A la mierda con la cultura narcisista, auto absorbente, y basada en la culpa que suprime nuestra femenina y preciosa vulnerabilidad.

Acéptalo todo y manda a la mierda todo.
Bendice todo y manda a la mierda todo y ama todo también.
Abre el corazón a todo.
Bendice esta tonta mente humana con sus ideas condicionadas y sus estándares imposibles,
Y sus intentos infinitos de decirnos cómo “debemos” ser,
O cuáles son los pensamientos y sentimientos “correctos”.

A la mierda la mentira de la felicidad que envía a tantos a una tumba temprana.

Protege al niño interno, a aquel que a veces se siente infeliz, solo, triste, desconectado…
Deja de decirle hoy que sea feliz, que esté conectado, en paz, que sea espiritual y esté lleno de dicha.
A este niño eso le importa una mierda. Solo quiere tu amor.

Inunda a aquel triste y solitario ser interior con curiosidad, comprensión. Respira en él.

A la mierda con todas las fuerzas del mundo que buscan dañarlo o silenciarlo.

Y cuando éste pregunte:
“Mami, papi, ¿tengo que estar feliz y ser perfecto para que me amen?”

Puedes responderle:
“Claro que no mi vida. Te amo exactamente como eres.
Amo tus debilidades e imperfecciones, y tu vulnerable corazón. Ellos son tan hermosos para mi… Está bien no sentirse en paz. No tienes que estar feliz ahora mismo. Seamos infelices juntos…”

Ahora sí, ESO es la jodida Felicidad.

JEFF FOSTER

DIEZ COSAS QUE DEBES HACER CUANDO TE SIENTAS MAL

  1. Báñate, aunque te quieras quedar en la cama métete a bañar. Sentirte limpia mejora el ánimo y nos hace sentirnos bien.
  2. Ponte perfume (indispensable) y lápiz labial. Maquillarte te hará sentir que tienes mejor cara.
  3. Usa únicamente máscara de pestañas con base de agua, para cuando sientas ganas de llorar lo pienses dos veces. Aunque si lo necesitas, llora primero y después ponte la máscara de pestañas.
  4. Sal de tu casa no importa si no tienes a quien visitar. Agarra al perro y sal. ¿No tienes perro? Agarra un libro y dirígete al parque más cercano. Si no puedes salir ponte una película cómica que te haga reír.
  5. Sonríe, poco a poco lo harás sin darte cuenta y te sentirás mucho mejor.
  6. Come, bien y rico. Consiéntete. Un antojo no matará a nadie y la sensación de saciedad genera endorfinas.
  7. Quiérete, suena fácil, ya lo sé. Mírate en el espejo con respeto y serenidad.

Si no tienes nada agradable que decirte permanece en silencio. recuerda que tu voz interior también te habla, háblate con amor y compasión.

La imagen puede contener: texto

Si no aprendes a aceptar tu sobrepeso, estatura, el tamaño de tu busto, tus estrías, tu celulitis, es fácil que alguien pueda herirte en tu intimidad. Acepta como eres.

  1. Recuerda que todo pasará. Nada dura para siempre. Deja salir tus lágrimas, pero no te regodees en tu dolor. No te quedes anclada en el sufrimiento.

Ya mañana puedes volver a comenzar y verás cómo, a pesar de las heridas, volverás a sanar.

  1. Elimina de tu vida a cada persona que te ha hecho daño o te ha hecho sentir mal. De plano no dependes de ellos y si afectan tu estado de ánimo es mejor poner distancia hasta que te sientas estable.
  2. Quédate con aquellos que te hagan soñar, que te impulsen a superarte, que vean en ti la magia que tienes y que te hagan feliz.

Si todo lo anterior no es suficiente, toma un curso o taller para trabajar tus emociones y que esos momentos dolorosos no los vivas en soledad, lo cual es fundamental para evitar enfermedades. Tu prioridad eres tú misma, nunca más te dejes en segundo lugar.

– EL ERROR Y LAS EMOCIONES –

Cuando cometemos un error siempre pensamos que es un fallo, que es un fracaso y entonces resulta que vemos ese error como algo dañino, algo que nos genera culpa, algo que nos supone una carga que nos lleva a pensar que no somos dignos de ser maduros ni exitosos. El fracaso siempre se esconde y ese acto siempre nos perjudica al ser un peso muy grande de mantener oculto.

Normalmente cuando recaemos de nuevo en el descontrol emocional, nos sentimos culpables e incluso nos cuesta reconocer el error. Porque casi siempre entendemos el error, el fallo, la equivocación como algo negativo, cuando la realidad es que se trata de lo más Positivo que podemos tener. Gracias al error aprendemos, el aprendizaje nos lleva a crecer y a evolucionar. Es aquello que nos permite alcanzar el éxito.

Como dicen las matemáticas,  lo negativo es positivo  cuando al aumentarlo da más: (- * – = +). Mientras que en lo positivo se podría decir que pierdes porque (+ * + = +) es decir, no cambias, no aumentas. Solo te mantienes, que tampoco está mal, porque te aporta estabilidad pero nunca existirá el avance. Únicamente te mantiene en el mismo punto una y otra vez… favoreciendo la contención de la emoción de nuevo.

Como dijo Deepak Chopra “En el fracaso se encuentra la semilla del éxito”. Son las “mil maneras de no hacer una bombilla” y gracias a todas ellas existe la bombilla. Del mismo modo todos nuestros errores sobre un mismo tema nos llevarán a crear el logro, a alcanzar la meta, o a conseguir el objetivo.

Es por ello que si cogemos el fracaso o el error, junto con la culpa que eso nos genera y lo transformamos, dándole una perspectiva diferente en algo positivo, siempre nos va a aportar un aprendizaje.

Cuando somos bebés empezando a caminar y nos caemos, el adulto nos recoge, calma nuestro dolor y nos pone de nuevo a caminar. Ahora nosotros somos el adulto y ponemos a caminar de nuevo a nuestro niño interior, calmándonos primero y empezando de nuevo, con más atención sobre nosotros mismos. Y ¿cómo empezamos de nuevo? Observando el error cometido, mejor dicho, observando el margen de error.

Al observar el margen de error que hemos cometido, siempre nos hablará de esos puntos ciegos que existen en esa perspectiva en la cual nos vemos inmersos y nos ofrece la oportunidad de visibilizar todos los matices del error. Si esa visibilidad la utilizamos para aportarnos un beneficio personal nos creará un avance, una retroalimentación que nos permitirá ser más maduros, más conscientes y sobre todo, más coherentes con nosotros mismos y por extensión con nuestro entorno.

Además la observación de ese punto ciego nos va a permitir darnos cuenta de que todas las situaciones tienen y comprenden una cantidad de puntos ciegos de los que si tenemos la capacidad de ampliar, saliendo de esa membrana que nos ponemos a modo de protección, tendremos la opción de visualizar ese punto ciego, sensibilizar esa culpa y sentirnos más abarcables, más capaces.

La culpa del fracaso es un sentimiento que nos aporta una gran pesadez, una carga, inhabilitando nuestro pensamiento y anulando las opciones de visión en el avance. Esto crea una situación dolorosa para el ser humano que frena todo aquello que desea prosperar, además resulta muy negativa desde el plano, desde la perspectiva del aquí y ahora, del presente. La culpa por el contrario cuando se reconoce y se responsabiliza uno mismo de ella, aporta al ser humano una energía que nos permite avanzar más rápido, adquirir los conceptos más fundamentales y esenciales para el progreso de la situación que estamos tratando y a mayores, de las situaciones venideras, de forma que cada vez que cometemos un error y generamos una culpa, esta nos va a dar el empuje para llegar a la definición del término alcanzable.

~LA MUERTE NO ES EL FINAL~

Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca.
Kafka se ofreció a ayudar a buscar la muñeca y se dispuso a reunirse con ella al día siguiente en el mismo lugar.
Incapaz de encontrar a la muñeca compuso una carta “escrita” por la muñeca y se la leyó cuando se reencontraron:

“Por favor no llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras …“- Este fue el comienzo de muchas cartas.
Cuando él y la niña se reunían, él le leía estas cartas cuidadosamente compuestas de aventuras imaginarias sobre la querida muñeca. La niña fue consolada. Cuando las reuniones llegaron a su fin, Kafka le regaló una muñeca. Ella obviamente la veía diferente de la muñeca original . Una carta adjunta explicó:
-“mis viajes me han cambiado … “ –
Muchos años más tarde, la chica ahora crecida, encontró una carta metida en una grieta desapercibida dentro de la muñeca. En resumen, decía: -” Cada cosa que amas es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente“- .
Kafka y la Muñeca… la omnipresencia de la pérdida.

A lo largo de la vida, en alguna ocasión todos llegamos a pensar que, cuando algo termina o muere es el final, pensamiento que nos arrastra a una gran tristeza. La realidad nos muestra que no es así, que de cada experiencia de vida que termina nos llevamos un gran aprendizaje y que el desarrollo de ese aprendizaje nos permite crecer y madurar como seres conscientes.

Aprovechar todas las experiencias que nos marcan en mayor o menor medida para nuestro propio crecimiento nos permite adquirir un resorte que impide que nos hundamos, aportando a cada individuo un recurso de superación basado en la seguridad de uno mismo. Como dice la canción: ” Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera…”

No desaproveches la oportunidad de crecer, utiliza cada experiencia pasada o presente para seguir avanzando como especie, asume que eres un humano que puede evolucionar.

Decide ser la mejor versión de ti mismo/a.

EL ANILLO DEL REY

Una vez un rey citó a todos los sabios de la corte, y les informó:

– “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”.

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.

El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

– “¿Como lo sabes preguntó el rey”?

– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

– “Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.

Caer por el, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…

Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARÁ”.

En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.

Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.

El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.

Ese día en que estaba victorioso, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:

– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”

– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.

– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… “ESTO TAMBIEN PASARÁ”

Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

– “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

DESCONOCIDO

Tras leer esta historia vuelve a leer el texto de la imagen de cabecera, quizás ahora te dé otro significado.

-LA DIGNIDAD MANTENIDA-

Un anciano conoce a un joven quien le pregunta:

  • ¿Se acuerda de mí?

Y el anciano dice que no. Entonces el joven dice que fue su alumno. Y el profesor pregunta:

  • ¿Qué estás haciendo?
  • Soy profesor
  • Ah que bueno ¿Como yo?
  • Sí. Me convertí en maestro porque usted me inspiró a ser también como usted

Luego le pregunta al tipo cuándo lo inspiró a ser maestro. Y el alumno cuenta la historia:

“Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo. Poco despues mi amigo notó el robo y se quejó a usted (maestro). Entonces se dirigió a la clase:

  • El reloj de su colega fue robado. Quien lo robó que lo devuelva.

No lo devolví porque no quería hacerlo. Luego cerró usted la puerta y le dijo a todos que se pusieran de pie y que iría a uno por uno para buscar en los bolsillos de todos hasta encontrar el reloj. Pero les dijo a todos que cerraran los ojos, que haría esto con los estudiantes con los ojos cerrados …

Todos cerraron los ojos y usted fue de bolsillo en bolsillo y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó. Continuó usted buscando en todos, y cuando terminó, dijo: ‘Abran los ojos. Ya tenemos el reloj’.

No me dijo usted nada. Nunca mencionó el episodio. Nunca dijo quién había robado a nadie.”

Y ese día usted salvó mi dignidad para siempre. Fue el día más vergonzoso de mi vida. Pero también el fue el día que mi dignidad se salvó de no convertirme en ladrón, mala persona, etc. Nunca dijo nada. No me dio apenas una lección moral. Y recibí el mensaje. Y entendí que esto es lo que debe hacer un verdadero educador ¿Se acuerda de ese episodio, maestro?

Y el profesor responde:

  • Recuerdo la situación, el reloj robado, busqué en todos, etc. Pero no te recordaba. Porque también cerré los ojos mientras buscaba.

¨Esto es la esencia de la docencia¨.

AUTOR DESCONOCIDO.