VER LA MUERTE EN LA BARRERA

Hoy traigo un texto un poco especial, desconozco su autor pero la esencia que tiene me impactó haciendo que pensara un poco sobre cómo se ve la muerte desde la barrera.

La Abuela Viviente

“Un día un poco triste llegué a un lugar que se me hacía conocido, intentando recordar, llegaron a mi mente momentos inolvidables de una infancia muy bonita. De repente se  vino a la mente el recuerdo de una mujer que había conocido hace mucho tiempo que siempre había tenido una imagen de serenidad en su rostro, tal vez porque la había conocido con setenta años encima.

Bueno, después de esta larga introducción les contare una pequeña anécdota que  sucedió ese día, llegue a la casa de mi abuela y de repente me di con una sorpresa ingrata, la mujer que había sido como una segunda madre ya se había ido. Yo no sabía qué hacer, fui a hablar con mi tía que vivía con ella, me dijo que había sido un infarto, yo pensé ” la vida no tiene sentido construimos tanto,  nos perfeccionamos tanto para luego perderlo todo en un instante”. Solo lo pensé pero no lo dije, me pareció demasiado osado decirlo en frente de tantas personas. Pasé todo el día recibiendo a personas que habían conocido a mi abuela, aparentemente todos habían tenido bonitos recuerdos de ella, en ese instante no me puse a pensar que tal vez siempre había sido así, es muy común que a las personas muertas se las conozca como personas buenas. Pero ¿acaso realmente no existían personas muertas que habían sido malas?, empecé a recordar comentarios sobre mi abuelo ya fallecido, había una gran similitud con los diálogos que se produjeron entonces. En la noche, ya llegando a mi casa, comencé a pensar acerca de lo que había estado rondando mi cabeza todo el día. Es entonces que me acordé de personajes un poco mas grandes y mas representativos, como Hitler, Napoleón, o incluso los conquistadores de américa. ¿Realmente ellos habían muerto como personas buenas?, a lo que me refiero es que la actitud de la gente hacia estos personajes era de rechazo rotundo. La verdad ese día me quede pensando todo el tiempo en eso, respecto a las personas malas, bueno juzgarlas o justificarlas no me parecía correcto pero respecto a las personas comunes que mueren, sí me pareció justo y necesario tener que decir en realidad que también habían fallado, y que de repente no habían sido tan buenas e inmaculadas como se las pintaba, no quería decir que mi abuela era una persona mala lo único que decía era que era una persona que también había  tenido errores, claro que para mi, a pesar de todo, era una persona buena.
Finalmente llego el día del entierro, fue muy difícil para mi, ver todo ese momento. Fue hasta traumático, desde el momento en que se le traslada de un lugar a otro, tratando de visitar  los lugares mas frecuentados por ella. En el cementerio cuando bajaron el ataúd, suena una voz que tenía una mixtura entre suave y ronca de repente volteo y la veo con una cara un poco desconcertada y de preocupación me pregunta. -Hijo quién murió, yo con una voz un poco cortada le digo que ella, realmente me puse muy alegre de saber que ella no había muerto, pero la pegunta en ese momento era quién era la persona que estaba siendo enterrada. Resulta que era una prima de ella que por una circunstancia del accidente sufrido se había puesto un poco irreconocible, y de fácil confusión.
Bueno al fin terminó el entierro de la prima de mi abuela y todo quedó bien para suerte nuestra, al menos así lo veía yo pero viendo llorar a mi abuela, por la pérdida de su prima, entendí que no solo el sufrimiento podía ser físico sino que también podía ser espiritual o psíquico, la verdad es que me vi identificado en cada una de la personas que lloraba desconsoladamente, por la muerte de una persona. Entonces pensé y dije para mi mismo que lo mas triste de una muerte es no poder ver o gozar lo mucho que significas y representas para todos aquellos que lloran en este momento tu partida.”

A lo largo de nuestra vida, todos morimos un poco cada día. Sobretodo morimos cada vez que ocurre algo que nos impacta y nos destruye en nuestro interior. Pero como ave Fénix resurgimos de nuestras cenizas para volver al cotidiano y hacernos responsables de nuestros actos. Lo que nos permite ampliar nuestra madurez y nuestra conciencia.

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